Crítica de «Tangles»

Una historia sobre el alzhéimer, los vínculos familiares y las decisiones que transforman nuestra vida, narrada con sensibilidad y sin recurrir al dramatismo constante.

Tangles es una película de animación que aborda el alzhéimer desde una perspectiva especialmente humana. A través de una historia íntima y profundamente emotiva, el largometraje invita a reflexionar sobre la fragilidad de la memoria, las relaciones personales y las decisiones que tomamos cuando nuestra realidad cambia de forma inesperada.

Una vida interrumpida por la enfermedad

Ambientada en los años noventa, la historia sigue a Sarah, una joven artista y activista que abandona su vida en San Francisco para regresar a su ciudad natal cuando su madre comienza a mostrar síntomas de alzhéimer.

Lo que inicialmente parece una situación que podrá compaginar con sus proyectos personales termina convirtiéndose en un conflicto cada vez más difícil de gestionar. Su regreso la obliga a enfrentarse a tensiones familiares, revisar sus prioridades y aceptar circunstancias que escapan a su control.

Uno de los mayores aciertos del guion es la naturalidad con la que presenta estos acontecimientos. En lugar de recurrir a grandes giros dramáticos, construye su relato a partir de situaciones cotidianas, conversaciones y pequeños gestos que permiten comprender las emociones de sus protagonistas.

El difícil equilibrio entre cuidar y seguir viviendo

Sarah se encuentra atrapada entre dos mundos. Por un lado, está la vida que ha construido lejos de su familia; por otro, la necesidad de acompañar a una madre cuyo estado empeora progresivamente.

Sus visitas ponen de manifiesto una diferencia fundamental entre quien convive diariamente con una persona enferma y quien contempla su evolución desde la distancia. Mientras los familiares que permanecen cerca han incorporado los cuidados a su rutina, Sarah percibe determinadas actitudes como una falta de preocupación.

La película retrata ese conflicto sin establecer culpables. Cada miembro de la familia intenta afrontar la situación con sus propias herramientas, aunque no siempre sean las que los demás consideran adecuadas.

Esta perspectiva resulta especialmente conmovedora porque plantea preguntas que trascienden la pantalla. ¿Qué ocurre cuando nuestros padres empiezan a necesitar cuidados? ¿Hasta qué punto podemos reorganizar nuestra vida? ¿Cómo se compagina la responsabilidad familiar con los proyectos personales?

Tangles no ofrece respuestas sencillas, y ahí reside buena parte de su honestidad.


© Tangles

Una historia dura que también encuentra espacio para el humor

Aunque el alzhéimer constituye el eje del relato, la película evita mantener al espectador sumido permanentemente en la tristeza.

Los recuerdos de infancia, las particularidades de la familia y determinadas situaciones cotidianas introducen momentos de humor y ternura que permiten conocer a los personajes desde una perspectiva más cercana.

Estos instantes adquieren un significado especial a medida que avanza la historia. La progresión de los síntomas interrumpe esa aparente normalidad y provoca algunos de los momentos más impactantes del largometraje.

Este contraste entre ligereza y dureza está bien medido. Las escenas más dolorosas resultan especialmente efectivas porque llegan después de haber compartido momentos de complicidad y alegría con los protagonistas, sin que la película necesite forzar constantemente la emoción.

El blanco y negro como lenguaje visual

La propuesta estética de Tangles recuerda inevitablemente a películas como Persépolis (2007), especialmente por su utilización del blanco y negro y un diseño de personajes que apuesta por la expresividad antes que por el realismo.

Su animación resulta atractiva y coherente con la naturaleza íntima del relato. Los personajes poseen una identidad visual reconocible y la sencillez de las formas permite concentrar la atención en sus emociones.

La ausencia de color también contribuye a transmitir cierta sobriedad, aunque nunca se convierte en un recurso que dificulte el visionado. Al contrario, conforme avanza la historia, el espectador termina olvidándose de esa elección estética y se sumerge por completo en lo que está sucediendo.

Es una demostración de que la animación no necesita grandes despliegues visuales para contar historias complejas y profundamente adultas.

Una banda sonora discreta, pero significativa

La música mantiene una presencia discreta durante buena parte del metraje, aunque destaca especialmente la utilización de I’ll Stand by You, de The Pretenders.

La canción aparece en dos momentos muy diferentes, primero en una interpretación cargada de emoción y posteriormente en una versión electrónica. Esta reutilización aporta un interesante contraste entre ambas escenas y permite que una misma composición adquiera distintos matices a lo largo del relato.

En términos generales, la película apuesta por un acompañamiento musical contenido, dando protagonismo a los diálogos y los silencios.

Animación para adultos, sin necesidad de justificarse

Tangles pertenece a una vertiente de la animación que continúa teniendo una presencia limitada en la exhibición cinematográfica comercial.

La película incorpora desnudez, referencias sexuales y cuestiones relacionadas con la identidad y las relaciones personales, tratadas desde una perspectiva adulta y cotidiana.

No se trata simplemente de una película infantil con temas difíciles, sino de una obra concebida para espectadores adultos, tanto por sus contenidos como por la manera en que desarrolla los conflictos.

Su presencia en el Festival Cine por Mujeres Madrid 2026, dentro de la Competición Internacional y en colaboración con QueerCineMad, resulta especialmente apropiada para una propuesta que concede tanta importancia a la diversidad de experiencias personales y familiares.

Valoración final

Tangles destaca por la sensibilidad de su guion, la credibilidad de sus personajes y una propuesta visual que demuestra las posibilidades expresivas de la animación adulta.

El debut de Leah Nelson consigue emocionar sin caer en el sentimentalismo excesivo, alternando momentos de humor, ternura y dolor con una naturalidad que hace que su historia resulte especialmente cercana.

Una película delicada y conmovedora que invita a mirar más allá de la enfermedad y permanece en la memoria mucho después de que aparezcan los créditos.

Valoración: ★★★★½ (4,5/5).