Crítica de «Wildwood: El bosque salvaje»

Travis Knight regresa a la dirección con una ambiciosa aventura fantástica que combina un universo deslumbrante, personajes memorables y una animación difícil de creer.

Hay películas que sorprenden por su historia, otras por sus personajes y algunas por su apartado visual. Wildwood: El bosque salvaje consigue destacar en los tres terrenos y demuestra hasta dónde puede llegar una técnica que, lejos de quedarse anclada en el pasado, continúa encontrando nuevas formas de sorprender.

Basada en la novela de Colin Meloy, ilustrada por Carson Ellis, la nueva producción de LAIKA supone el regreso de Travis Knight a la dirección de un largometraje de animación tras Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016). El resultado es una aventura de fantasía de dimensiones poco habituales para el estudio, capaz de mantener el interés durante todo su metraje.

Un bosque lleno de historias

Prue McKeel lleva una vida aparentemente normal en Portland hasta que una bandada de cuervos secuestra a su hermano pequeño. Decidida a recuperarlo, se adentra junto a su compañero de clase Curtis en un bosque prohibido donde descubrirá una sociedad de animales parlantes, bandidos, conflictos políticos y criaturas extraordinarias.

Lo que comienza como una misión de rescate pronto se convierte en una aventura mucho mayor. La película construye un universo con diferentes territorios, comunidades y enfrentamientos que amplían constantemente las dimensiones de la historia.

Es inevitable encontrar ecos de El señor de los anillos, Las crónicas de Narnia o Alicia en el país de las maravillas, pero Wildwood: El bosque salvaje no se limita a reproducir sus fórmulas. Tiene una identidad propia y consigue que cada nueva región del bosque despierte curiosidad por descubrir qué habrá más allá.

Frente a los escenarios relativamente delimitados de otras producciones de LAIKA, aquí encontramos una sensación de amplitud extraordinaria. Es casi como pasar de un videojuego de plataformas a uno de mundo abierto: el escenario deja de ser simplemente el lugar donde sucede la aventura para convertirse en un mundo que parece existir más allá de sus protagonistas.


© LAIKA Studios

Personajes que crecen con la aventura

Prue es una protagonista decidida, impulsiva y dispuesta a enfrentarse a cualquier peligro para recuperar a su hermano. Sin embargo, uno de los desarrollos más interesantes corresponde a Curtis, cuyo viaje le obliga a abandonar su inseguridad y descubrir capacidades que ni él mismo sabía que tenía.

La película también acierta con sus personajes secundarios. Desde los habitantes de las distintas regiones del bosque hasta las figuras más amenazadoras, todos contribuyen a dar personalidad a este universo.

Especialmente interesante resulta cómo el relato evita presentar sus conflictos como una simple confrontación entre buenos y malos. El dolor, las pérdidas, las decisiones personales y las distintas formas de entender la convivencia tienen un peso importante en las motivaciones de sus personajes.

A través de ellos, Wildwood: El bosque salvaje aborda cuestiones como la inclusión, la pertenencia, el sacrificio y el paso a la madurez sin renunciar al espíritu de una gran aventura fantástica.

El stop motion alcanza cotas extraordinarias

Si hay un apartado en el que Wildwood: El bosque salvaje resulta verdaderamente asombrosa, es en su animación.

LAIKA conserva el diseño característico de sus personajes y esa personalidad visual que permite reconocer inmediatamente sus producciones, pero lleva la ejecución técnica a un nivel difícil de imaginar hace apenas unos años.

La fluidez de los movimientos, la iluminación y la integración de los personajes en los escenarios alcanzan tal grado de sofisticación que, durante buena parte del metraje, resulta fácil olvidar que estamos viendo una película realizada mediante animación fotograma a fotograma.

Uno de los detalles más impresionantes se encuentra en los ojos de los personajes. El brillo de sus miradas, los reflejos de las fuentes de luz y la naturalidad con la que transmiten emociones consiguen dotar a las marionetas de una expresividad extraordinaria.

También sorprende la complejidad de las secuencias de acción. Las batallas, los desplazamientos y los numerosos personajes que llegan a compartir pantalla ponen de manifiesto la enorme ambición de una producción que se atreve con situaciones poco habituales en el stop motion.

Es cierto que algunos planos generales, especialmente aquellos que incluyen personajes montando a caballo, permiten apreciar movimientos algo menos fluidos. Sin embargo, son detalles puntuales dentro de un trabajo visual que roza lo increíble.

Y lo más importante es que semejante despliegue técnico no termina eclipsando la película: está al servicio de una historia que funciona por sí misma.


Una animadora trabaja con las marionetas de Wildwood: El bosque salvaje durante el proceso de animación stop motion. © LAIKA Studios.

Una aventura intensa que no pierde el ritmo

Wildwood: El bosque salvaje no necesita demasiado tiempo para dejar claras sus intenciones. Su comienzo resulta sorprendentemente oscuro y plantea desde los primeros minutos situaciones que pueden desconcertar a quienes esperen una aventura infantil convencional.

A partir de ahí, la película mantiene un ritmo notable, alternando descubrimientos, enfrentamientos, momentos de tensión y pequeñas dosis de humor que alivian la intensidad sin convertirla en una comedia.

La violencia, la muerte y el sufrimiento forman parte del relato, y algunas escenas tienen una carga emocional considerable. No estamos ante una película especialmente gráfica, pero sí ante una historia que se atreve a mostrar las consecuencias de sus conflictos.

Pese a la cantidad de personajes, territorios y acontecimientos, la narración consigue mantener la atención sin que su duración resulte pesada.

La banda sonora de Dario Marianelli acompaña la aventura con composiciones que refuerzan especialmente el carácter épico de las batallas y los momentos de mayor intensidad. Sin embargo, el despliegue visual y la propia historia acaparan tanta atención que la música puede pasar a un segundo plano, sin que ello signifique que desentone o resulte menos efectiva.

Una particularidad de la versión doblada al castellano es el tratamiento de las canciones: mientras que algunas se mantienen en inglés con subtítulos, otras están interpretadas en español. Una decisión que llama la atención, especialmente porque no parece seguir un criterio uniforme a lo largo de la película.

Crecer también significa tener más preguntas

Bajo su apariencia de fantasía épica, Wildwood: El bosque salvaje es también una historia sobre la pérdida de la inocencia y la dificultad de comprender un mundo mucho más complejo de lo que imaginábamos.

La película encuentra uno de sus momentos más significativos en una reflexión de Prue sobre lo que significa hacerse mayor. La protagonista descubre que crecer no consiste necesariamente en encontrar respuestas a todas nuestras preguntas, sino en comprender que cada descubrimiento puede plantearnos otras nuevas.

Es una idea sencilla, pero resume buena parte de su recorrido emocional.

La historia tampoco renuncia a provocar tristeza, miedo o incertidumbre. Algunas pérdidas tienen un impacto real y recuerdan que las aventuras también pueden dejar heridas.

Esa combinación de espectáculo, emoción y reflexión consigue que Wildwood: El bosque salvaje funcione tanto como entretenimiento como relato de aprendizaje.

Conclusión

Wildwood: El bosque salvaje es una de esas películas en las que resulta especialmente difícil encontrar algo que no funcione. Su historia engancha, sus personajes tienen carisma, el universo que presenta invita a seguir explorándolo y su apartado técnico establece un nuevo referente para la animación stop motion.

Aunque algunos movimientos aislados delaten todavía la naturaleza artesanal de la técnica, son detalles mínimos que no empañan una experiencia extraordinariamente satisfactoria.

LAIKA demuestra que todavía quedan muchos límites por superar y que la animación artesanal puede abordar aventuras de una escala visual y narrativa gigantesca sin perder su personalidad.

Una película muy recomendable para los amantes de la fantasía y la animación, aunque conviene advertir que su intensidad, sus escenas violentas y algunos temas especialmente duros pueden resultar poco adecuados para los espectadores más pequeños.

Una aventura fascinante que confirma la extraordinaria madurez artística y técnica de LAIKA.

Valoración final: ★★★★★ — 5/5