Crítica de «La isla olvidada»: una historia preciosa perdida entre el absurdo
DreamWorks Animation regresa con La isla olvidada, una aventura fantástica dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado, responsables de El gato con botas: El último deseo. Inspirada en la mitología filipina, la película propone una historia sobre la amistad, los recuerdos y el miedo a perder a las personas que queremos. Una premisa original y emotiva que, acompañada de un apartado visual extraordinario, tenía todos los ingredientes para convertirse en una de las grandes sorpresas del estudio. Sin embargo, el resultado termina siendo bastante más irregular de lo que prometía.
La película arranca con fuerza, presentando a dos protagonistas carismáticas cuya relación constituye el verdadero corazón de la historia. Su evolución resulta convincente y el vínculo que las une consigue transmitir emociones genuinas. El problema aparece cuando la aventura se traslada a la isla, dando paso a una sucesión de situaciones disparatadas que terminan desdibujando el relato. Lo que inicialmente parecía una historia cuidadosamente construida se convierte en un desarrollo errático, con un humor absurdo que se prolonga demasiado y acaba haciendo que buena parte del metraje resulte agotadora.
Los personajes secundarios reflejan perfectamente esta irregularidad. Entre los grandes aciertos destaca Manang, una antagonista formidable que consigue resultar verdaderamente inquietante gracias a su personalidad, su diseño y una animación entrecortada que potencia su presencia amenazadora. En el extremo opuesto encontramos personajes como Raww, Bungi y, especialmente, Sir-Heno. Aunque algunos cuentan con diseños interesantes, sus intervenciones cómicas aportan poco a la historia. El caso del sireno resulta especialmente desafortunado: su extravagante aspecto y sus ocurrencias llevan el humor a un extremo tan absurdo que termina provocando más rechazo que diversión.
Donde La isla olvidada sí consigue brillar es en su apartado artístico. La combinación de animación tridimensional con acabados que evocan el 2D, junto a secuencias de clara inspiración anime, aporta una personalidad visual muy atractiva. Los escenarios, las criaturas y los diferentes estilos de animación demuestran una creatividad que contrasta con las debilidades del guion.
La música constituye otro de sus grandes aciertos, especialmente por una selección de canciones populares de los años ochenta que aporta una agradable dosis de nostalgia. Temas como Don’t You (Forget About Me) de Simple Minds, On the Wings of Love de Jeffrey Osborne o Don’t Stop Believin’ de Journey acompañan la aventura y refuerzan su carácter emocional. Una selección de clásicos que consigue conectar con el espectador y se convierte en uno de los elementos más disfrutables de la película. Menos acertadas resultan algunas decisiones del doblaje español, especialmente las constantes expresiones modernas de Raww, que desentonan con la ambientación noventera.

Afortunadamente, el tramo final recupera parte de la sensibilidad que había caracterizado al comienzo. Cuando la película abandona las bromas y se concentra en la relación entre sus protagonistas, consigue emocionar y transmitir con acierto su mensaje sobre la amistad y la importancia de los recuerdos. Sin embargo, este desenlace, aunque satisfactorio, no logra compensar por completo una parte central demasiado larga y desaprovechada.
La isla olvidada deja una sensación especialmente frustrante: la de haber contemplado una película que podría haber sido extraordinaria y que termina quedándose muy lejos de su potencial. Su originalidad, su magnífica animación y algunos personajes memorables merecen reconocimiento, pero no consiguen salvar una narración que confunde demasiadas veces el humor disparatado con el entretenimiento. Una oportunidad perdida para una historia que merecía mucho más.
Valoración de animARTE: ★★☆☆☆ (2/5).

