Crítica de «Wendell & Wild»: una originalidad que a veces se pasa de frenada
Henry Selick y Jordan Peele unen fuerzas en una película de animación stop motion con una personalidad arrolladora, una estética inquietante y una historia tan peculiar que, en ocasiones, termina jugando en su contra.
Hay películas que siguen fórmulas conocidas y otras que parecen empeñadas en romperlas todas. Wendell & Wild (2022), dirigida por Henry Selick y escrita junto a Jordan Peele, pertenece claramente al segundo grupo. Disponible en Netflix, esta propuesta de animación stop motion mezcla demonios, traumas familiares, humor negro y crítica social en una historia que difícilmente podría confundirse con cualquier otra.
Y eso es precisamente lo mejor y lo peor de la película: su capacidad para sorprender es indiscutible, pero hay momentos en los que tanta extravagancia acaba convirtiéndose en un obstáculo.
Una historia original… quizá demasiado
En un panorama cinematográfico donde abundan las fórmulas repetidas, resulta refrescante encontrarse con una película que se atreve a tomar caminos diferentes. Wendell & Wild no parece especialmente interesada en cumplir las expectativas del espectador, y eso es algo que se agradece.
La historia sigue a Kat, una adolescente marcada por la pérdida de sus padres que termina involucrada en los planes de dos hermanos demoníacos. A partir de ahí, la película construye un universo donde lo sobrenatural convive con conflictos personales y sociales.
El problema es que esa originalidad, en ocasiones, se descontrola. Algunas situaciones son tan extrañas que resulta inevitable preguntarse qué estamos viendo exactamente. No porque la trama sea incomprensible, sino porque determinadas decisiones narrativas parecen llevar la extravagancia más lejos de lo necesario.
Afortunadamente, el ritmo funciona. La película nunca se hace especialmente larga ni pesada, y siempre encuentra algo nuevo con lo que mantener la atención. Otra cuestión es que todo lo que propone termine de encajar.
Personajes interesantes y demonios desiguales
Kat es uno de los grandes aciertos de la película. Su evolución está bien construida y su historia personal proporciona el componente emocional necesario para sostener una trama que, de otro modo, podría resultar demasiado disparatada.
Buena parte de los personajes secundarios también funcionan, especialmente la hermana Helley, una monja que termina convirtiéndose en una de las figuras más interesantes y agradables de la historia.
Los hermanos Wendell y Wild, por su parte, tienen una dinámica cómica que funciona de manera irregular. Su relación ofrece momentos divertidos, aunque no siempre consiguen transmitir toda la complicidad que cabría esperar de una pareja protagonista de estas características.
Menos convincente resulta Buffalo Belzer, el gigantesco demonio y padre de ambos hermanos, cuyo personaje no termina de despertar demasiado interés.

© Netflix
Un stop motion tan fascinante como extraño
Si hay algo que resulta imposible negar es la personalidad visual de Wendell & Wild.
La película apuesta por diseños de personajes deliberadamente asimétricos, proporciones exageradas y rostros que, en ocasiones, parecen construidos con materiales tan extraños como el papel. Es una estética que puede resultar desconcertante durante los primeros minutos y a la que cuesta un poco acostumbrarse.
Pero también es una de sus principales señas de identidad.
La animación stop motion está muy bien conseguida, aunque algunos movimientos presentan una fluidez algo menor que la de otras grandes producciones de esta técnica. Eso no impide apreciar el enorme trabajo artesanal que hay detrás de cada secuencia.
De hecho, las imágenes del proceso de animación que aparecen durante los créditos permiten hacerse una idea de la complejidad de semejante producción. Ver los muñecos, decorados y mecanismos utilizados resulta casi tan fascinante como la propia película.
En la ambientación oscura, los escenarios inquietantes y esa peculiar combinación de lo macabro con lo fantástico se reconoce inmediatamente la mano de Henry Selick, responsable de Pesadilla antes de Navidad y Los mundos de Coraline.
Una banda sonora con ecos de «Coraline»
La música es otro de los apartados más destacados.
Desde los primeros acordes aparece una familiaridad difícil de explicar. Las melodías, las voces infantiles y ese tono entre misterioso y perturbador recuerdan inevitablemente a Los mundos de Coraline.
La conexión tiene una explicación: Bruno Coulais es el compositor de ambas películas. Su trabajo vuelve a demostrar lo bien que funciona este tipo de música para construir atmósferas inquietantes sin necesidad de recurrir constantemente al terror.
Pero Wendell & Wild también encuentra una identidad musical propia gracias a sus canciones de rock y punk, que encajan con la personalidad rebelde de Kat y sirven para reforzar el vínculo emocional con su padre.
Esta combinación entre composiciones atmosféricas y canciones más contundentes resulta especialmente acertada.
Dos autores con personalidades muy reconocibles
La película también deja ver claramente la influencia de sus dos principales responsables.
Henry Selick aporta su particular universo visual, mientras que Jordan Peele introduce una mirada más vinculada a la identidad cultural, la representación de personajes negros y los conflictos sociales.
La comunidad de Rust Bank, sus problemas económicos y los intereses que amenazan su futuro dan a la película una dimensión que va más allá de la historia de los dos demonios.
Esa mezcla de sensibilidades contribuye a construir una obra con identidad propia, aunque también puede explicar parte de sus desequilibrios. La película quiere hablar de muchas cosas y hacerlo de una manera tan singular que no siempre consigue que todos sus elementos funcionen con la misma naturalidad.

© Netflix
Una película para dejarse llevar por su rareza
Wendell & Wild no es una mala película, pero tampoco termina de aprovechar todo su potencial.
Tiene una protagonista interesante, una dirección artística muy reconocible, una banda sonora excelente y el mérito de apostar por una historia diferente. Sin embargo, su humor irregular, algunos personajes poco convincentes y determinadas extravagancias narrativas impiden que el conjunto resulte completamente satisfactorio.
También es una película cuya ambientación puede influir bastante en la experiencia. Vista durante la tarde de Halloween, su universo de demonios, muertos y escenarios siniestros resulta especialmente apropiado. Quizá en otro momento del año, sin ese ambiente alrededor, algunas de sus virtudes habrían tenido menos impacto.
En definitiva, es una propuesta recomendable para quienes disfrutan de la animación más peculiar y de los universos de Henry Selick, siempre que estén dispuestos a aceptar una buena dosis de excentricidad.
Lo mejor: su personalidad visual, la banda sonora de Bruno Coulais, el desarrollo de Kat y el personaje de la hermana Helley.
Lo peor: una historia que a veces lleva su extravagancia demasiado lejos, una pareja cómica irregular y un antagonista demoníaco poco interesante.
Valoración final: ★★½☆☆ — 2,5/5.
Una película original y visualmente atractiva que entretiene, pero cuya ambición por ser diferente acaba jugando parcialmente en su contra.

