Curiosidades de «El gigante de hierro»: los secretos de un clásico que fracasó en taquilla

Una escena eliminada que cambiaba por completo la historia, dos leyendas de Disney escondidas entre sus personajes y una copia inacabada que llegó a Internet antes del estreno. La película de Brad Bird guarda una historia tan sorprendente como la que cuenta en pantalla.

En agosto de 1999, Warner Bros. estrenó El gigante de hierro, una película de animación que apenas consiguió atraer espectadores a las salas. El tiempo, sin embargo, acabaría convirtiéndola en una de las obras más apreciadas de su época.

Detrás de la amistad entre Hogarth y un enorme robot extraterrestre hubo una producción complicada, decisiones creativas inesperadas y numerosos homenajes a la historia del cine y la animación. Estas son algunas de sus curiosidades más interesantes.

1. Dos tragedias personales están detrás de la historia

En 1968, el escritor británico Ted Hughes publicó The Iron Man, un relato que había comenzado a contar a sus hijos tras la muerte de su madre, la poeta Sylvia Plath, cinco años antes.

Cuando Brad Bird se interesó por adaptar el libro, encontró en él una conexión personal. Su hermana Susan había sido asesinada por su marido con un arma de fuego, una experiencia que marcó profundamente al director.

En el documental The Giant’s Dream (2016), Bird explica que la capacidad del gigante para recomponerse después de quedar destrozado conectaba con su propia necesidad de reconstruirse emocionalmente.

Aquella experiencia también dio una dimensión especialmente íntima a la pregunta que terminaría definiendo la película: ¿puede alguien creado para destruir decidir que no quiere hacerlo?

2. La película estuvo a punto de ser un musical

Antes de que Bird llegara al proyecto, El hombre de hierro ya había tenido una segunda vida gracias a Pete Townshend, guitarrista de The Who.

El músico publicó en 1989 el álbum conceptual The Iron Man, que dio lugar a una adaptación teatral estrenada en Londres en 1993. El productor Des McAnuff impulsó después una versión cinematográfica que Warner Bros. comenzó a desarrollar como musical.

Pero Bird tenía otros planes.

Tras conocer la novela y los materiales del estudio, propuso abandonar las canciones y construir una historia centrada en la amistad, la Guerra Fría y el rechazo a la violencia.

Townshend continuó vinculado al proyecto como productor ejecutivo, aunque la película terminó siendo muy diferente de aquella primera idea.

3. Brad Bird transformó casi por completo la novela original

El libro de Ted Hughes y la película comparten a Hogarth y al gigante, pero sus historias siguen caminos muy distintos.

Bird trasladó la acción a Estados Unidos en 1957, convirtió al gigante en un visitante extraterrestre y añadió personajes como Dean McCoppin, el artista que vive entre chatarra, y Kent Mansley, el agente del Gobierno decidido a descubrir la amenaza que cree tener delante.

La ambientación tampoco fue casual. El miedo a la bomba atómica, la carrera espacial y la paranoia de la Guerra Fría permitían contar una historia sobre una sociedad que responde con violencia ante aquello que no comprende.

A pesar de los cambios, Ted Hughes quedó encantado con la adaptación. Tras recibir el guion, escribió una carta a los responsables de la película elogiando especialmente su desarrollo dramático y su desenlace.

El escritor falleció en 1998, antes de poder verla estrenada.

4. Un diseñador de «Star Wars» ayudó a dar forma al gigante

Encontrar el aspecto definitivo del protagonista no fue sencillo.

Brad Bird descartó los diseños heredados de las primeras etapas del proyecto y recurrió a Joe Johnston, artista que había trabajado en el universo visual de Star Wars.

Johnston realizó los primeros bocetos del nuevo gigante. Después, el diseñador de producción Mark Whiting y el supervisor de animación digital Steve Markowski continuaron desarrollando su apariencia y movimientos.

El objetivo era combinar dos cualidades aparentemente opuestas: una máquina enorme, pesada y potencialmente aterradora, pero capaz de transmitir la inocencia de un niño.

Su diseño también recogía influencias de la ciencia ficción de los años cincuenta, especialmente de Ultimátum a la Tierra (1951) y su célebre robot Gort.

5. El gigante iba a matar al ciervo con sus propias manos

Una de las escenas más conmovedoras de la película pudo haber sido mucho más dura.

En la versión estrenada, Hogarth y el gigante encuentran a un ciervo que ha muerto por los disparos de unos cazadores. El niño intenta explicar a su amigo qué significa la muerte.

Pero un guion de trabajo conserva una versión completamente distinta.

En ella, el gigante encuentra al ciervo e intenta atraparlo con una mano, sin ser consciente de su enorme fuerza. Cuando abre los dedos, descubre que el animal está muerto. Hogarth debe explicarle que ya no volverá a moverse.

La diferencia es fundamental: en aquella versión, el gigante era responsable de la muerte que acababa de descubrir.

Los responsables de la película terminaron modificando la secuencia. La nueva versión evitaba convertir al protagonista en causante directo de una muerte y reforzaba el mensaje contra la violencia de las armas.

Es uno de los ejemplos más claros de cómo una decisión durante el desarrollo puede transformar el significado de una escena.

6. Warner le dio menos tiempo y recursos que a otras grandes producciones

El éxito de El rey león (1994) había convencido a numerosos estudios de que la animación podía convertirse en un negocio extraordinariamente rentable.

Warner Bros. quería competir en ese mercado, pero El gigante de hierro no contó con las mismas condiciones que las grandes producciones de Disney.

Bird explicó en una entrevista de 1999 que disponían aproximadamente de un tercio del presupuesto y la mitad del tiempo de una producción comparable de Disney o DreamWorks.

El equipo tuvo que trabajar a un ritmo exigente y reunir profesionales con experiencias muy diferentes.

Entre ellos había veteranos de la animación tradicional, jóvenes artistas y cuatro estudiantes de CalArts que acabaron animando una secuencia completa ambientada en un aula antes de regresar a sus estudios.

Aquellas limitaciones no impidieron que la película desarrollara una identidad visual propia.

7. El gigante era digital, pero sus líneas se hicieron imperfectas a propósito

Aunque los personajes humanos se animaron principalmente mediante técnicas tradicionales, el gigante fue creado por ordenador.

Bird quería aprovechar la animación digital para transmitir el peso y la rigidez de una enorme estructura metálica. Sin embargo, había un problema: las líneas generadas por ordenador eran demasiado perfectas para integrarse en un entorno dibujado a mano.

La solución fue desarrollar herramientas que introducían pequeñas irregularidades en los contornos del personaje.

Es decir, los animadores trabajaron para conseguir que una imagen digital pareciera menos perfecta.

El resultado ayudó a que el gigante conservara su naturaleza mecánica sin desentonar con el resto de la película.

8. El equipo viajó a Maine para encontrar el aspecto de Rockwell

La localidad ficticia de Rockwell no nació únicamente de la imaginación de los artistas.

Durante la preparación de la película, parte del equipo viajó a Maine para estudiar sus paisajes, sus edificios y la atmósfera de sus pequeñas poblaciones.

Entre las principales referencias visuales estuvieron Norman Rockwell, Edward Hopper y N. C. Wyeth, además de revistas, anuncios y películas estadounidenses de mediados del siglo XX.

También se planificó cuidadosamente la evolución del paisaje. La historia comienza con los colores del otoño y termina en un entorno invernal.

Esa tranquilidad visual hacía todavía más llamativa la presencia de una gigantesca máquina extraterrestre.

9. Brad Bird corregía el trabajo de los animadores delante de todo el equipo

La producción también se caracterizó por una organización poco habitual.

En lugar de asignar cada personaje a un animador principal, Bird repartió secuencias completas entre los artistas. Para mantener la coherencia visual, organizaba sesiones colectivas en las que proyectaba las escenas y dibujaba directamente sobre las imágenes para señalar posibles mejoras.

No todo el mundo recibió aquel método con entusiasmo.

En una entrevista publicada en 2008, el director reconoció que al principio los animadores apenas se atrevían a intervenir durante las reuniones. Con el tiempo, según su relato, comenzaron a discutir propuestas y compartir soluciones.

El documental The Giant’s Dream también recuerda las tensiones de aquella producción, marcada por un calendario ajustado y una dirección especialmente exigente.

10. Dos de los ferroviarios son auténticas leyendas de Disney

Uno de los homenajes más bonitos de El gigante de hierro puede pasar desapercibido para la mayoría de los espectadores.

Los dos ferroviarios a los que interroga Kent Mansley están inspirados en Frank Thomas y Ollie Johnston, integrantes de los legendarios Nine Old Men de Disney.

No se trata simplemente de personajes que se parecen a ellos: ambos veteranos prestaron sus voces originales a los ferroviarios.

Brad Bird, que había recibido orientación de grandes animadores de Disney durante su juventud, quiso rendirles así un homenaje.

© Warner Bros.

Y no sería el último. Años después volvió a incluir versiones animadas de Thomas y Johnston en Los increíbles (2004).

11. Superman es mucho más que un guiño a DC Comics

Entre las referencias cinematográficas y culturales de la película destaca Superman, el superhéroe de DC Comics.

Hogarth le muestra sus aventuras al gigante para explicarle que tener poderes extraordinarios no significa estar obligado a utilizarlos para hacer daño. Pero el cómic existió en la realidad; es el #188 de Action Comics de 1954.

© Warner Bros.

La elección del personaje adquiere especial importancia en el desenlace, cuando el gigante comprende que puede decidir quién quiere ser.

Superman no funciona, por tanto, como una simple aparición destinada a sorprender al espectador. Es una pieza fundamental de la historia y de su mensaje.

La conexión resulta especialmente curiosa al tratarse de una película de Warner Bros., compañía vinculada a DC Comics.

12. La película esconde pequeños homenajes y bromas internas

Además de las referencias más evidentes, El gigante de hierro contiene detalles destinados a los espectadores más atentos.

Uno de los más conocidos es A113, el número de un aula de CalArts que numerosos animadores han escondido en sus películas. Distintas recopilaciones sitúan el código en una matrícula y en una obra de arte de Dean.

© Warner Bros.

También se ha señalado un titular en el periódico que lee Kent Mansley: Studio Kept Alive By Osmosis Greenlight, una posible referencia interna a Osmosis Jones, otra producción de Warner que llegaría a los cines en 2001.

© Warner Bros.

Hay incluso diferencias curiosas entre versiones. En el montaje original, la mano separada del gigante ve por televisión un anuncio de los cereales Maypo. En la edición Signature de 2015, ese anuncio fue sustituido por otro de Tomorrowland, la atracción de Disneyland.

La referencia resulta especialmente llamativa porque Brad Bird había dirigido ese mismo año Tomorrowland: El mundo del mañana.

© Warner Bros.

13. Una copia inacabada llegó a Internet seis meses antes del estreno

En febrero de 1999, cuando buena parte de la animación todavía estaba sin terminar, un montaje preliminar de El gigante de hierro llegó al entorno del portal cinematográfico Ain’t It Cool News.

El 1 de febrero, Drew McWeeny, conocido entonces por el seudónimo de Moriarty, publicó una crítica extraordinariamente entusiasta.

Según describía, apenas una parte del metraje estaba completamente terminada y coloreada. El resto incluía escenas en distintas fases de producción.

Pero aquello no impidió que reconociera el potencial de la película.

El crítico destacó su historia, sus personajes y su capacidad emocional. También advirtió de que Warner necesitaba empezar a promocionarla adecuadamente.

Meses después, Los Angeles Times recogió el entusiasmo que la película estaba generando en Internet mientras el estudio intentaba organizar su campaña publicitaria.

Resulta especialmente llamativo que una película prácticamente desconocida para el gran público estuviera recibiendo semejantes elogios antes de llegar a los cines.

14. Warner quiso retrasar el estreno, pero el equipo temía que la película desapareciera

Las proyecciones de prueba de El gigante de hierro fueron extraordinariamente positivas.

Según recordaría Brad Bird, la película obtuvo algunas de las mejores valoraciones que Warner había registrado en aproximadamente quince años.

El estudio comprendió entonces que podía tener entre manos una producción especial y planteó retrasar su estreno para organizar una campaña promocional más ambiciosa.

Sin embargo, la situación de Warner Feature Animation era delicada tras el fracaso de La espada mágica: En busca de Camelot (1998). El equipo temía que aplazar el lanzamiento terminara convirtiéndose en una cancelación encubierta.

La película mantuvo su estreno en agosto de 1999.

Su primer fin de semana recaudó alrededor de 5,7 millones de dólares en Estados Unidos y terminó su recorrido comercial con aproximadamente 31,7 millones en todo el mundo, una cantidad insuficiente frente a su coste de producción.

El fracaso fue especialmente doloroso para quienes habían dedicado años a realizarla.

En el documental The Giant’s Dream, Guillermo del Toro recuerda haberle dicho a Brad Bird que comprendía su sensación de fracaso, pero que había creado un clásico. Una película que permanecería en el corazón de quienes llegaran a descubrirla.

Con el tiempo, aquella predicción terminó cobrando sentido. El gigante de hierro fue encontrando a su público y consolidando su prestigio hasta convertirse en una de las obras más queridas de la animación de finales del siglo XX.

Una película sobre un gigante que descubre que puede elegir su propio destino y que, de alguna manera, también terminó encontrando el suyo.


Fuentes

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