Zootrópolis 2: una ciudad más grande, una sorpresa más pequeña
Disney regresa a su metrópolis animal con una secuela visualmente deslumbrante que amplía su universo, pero que pierde parte del ingenio y la capacidad de sorpresa de la película original.
Cuando Zootrópolis llegó a los cines en 2016, demostró que Disney podía combinar una historia de animación familiar con los mecanismos propios del thriller policiaco. Su investigación, sus personajes y una ciudad llena de detalles construían una aventura que, además de entretener, invitaba a reflexionar sobre los prejuicios y las apariencias.
Casi una década después, Zootrópolis 2 recupera a Judy Hopps y Nick Wilde para embarcarlos en un nuevo caso. El resultado es una secuela entretenida y técnicamente impecable, aunque menos sorprendente y memorable que su predecesora.
Un nuevo misterio con menos sorpresas

Uno de los grandes aciertos de la primera película era su capacidad para jugar con las sospechas del espectador. La investigación avanzaba entre pistas, falsas apariencias y giros que conseguían mantener el interés hasta el desenlace.
En esta ocasión, el misterio resulta bastante más previsible. Aunque la nueva investigación tiene suficientes elementos para sostener la aventura, le falta ese ingenio que convertía la historia original en algo más que una sencilla película de policías.
Donde sí vuelve a acertar Disney es en el trasfondo social. La incorporación de los reptiles permite explorar nuevos conflictos relacionados con la exclusión, los prejuicios y las injusticias del pasado. La película amplía así el discurso de su antecesora sin abandonar uno de los rasgos más interesantes de este universo: utilizar una sociedad de animales para hablar de problemas profundamente humanos.
Judy y Nick: una amistad que no necesita convertirse en romance
La relación entre Judy y Nick continúa siendo uno de los principales atractivos de la saga. Sus diferencias de carácter, su complicidad y la manera en que se complementan siguen funcionando, incluso cuando deben afrontar nuevas dificultades.
En una industria empeñada con frecuencia en transformar cualquier vínculo afectivo en una historia romántica, resulta especialmente valioso que ambos personajes puedan seguir siendo simplemente grandes amigos. Se quieren, se apoyan y se ayudan a crecer, tanto personal como profesionalmente. Su relación no necesita ir más allá para resultar entrañable y convincente.
Menos afortunadas son las nuevas incorporaciones al reparto. Gary, la serpiente, resulta simpático, aunque su personalidad puede llegar a hacerse algo cargante. Tampoco la familia Lynxley consigue despertar el interés de algunos de los secundarios más memorables de la primera entrega, especialmente el peculiar entorno mafioso del señor Big.
Son personajes que cumplen su función dentro de la historia, pero que difícilmente dejan una huella comparable.
Una ciudad que nunca había lucido tan bien
Si hay un apartado en el que Zootrópolis 2 supera claramente a la original, es el técnico.
La animación de Disney vuelve a demostrar un nivel extraordinario, con escenarios repletos de detalles y una riqueza visual que convierte la exploración de la ciudad en uno de los grandes placeres de la película.
Los nuevos entornos sorprenden por su diseño, su ambientación y la creatividad con la que se amplía un universo que parecía haber mostrado ya buena parte de sus posibilidades. Cada rincón invita a detenerse en los pequeños detalles y demuestra que todavía queda mucho por descubrir en Zootrópolis.
La evolución tecnológica respecto a 2016 se hace evidente, aunque una mayor espectacularidad visual no siempre se traduce en una experiencia cinematográfica más memorable.
Una banda sonora a la sombra de su predecesora
Shakira regresa como Gazelle con Zoo, una canción pegadiza y perfectamente reconocible dentro del universo de la franquicia. Sin embargo, resulta difícil no compararla con Try Everything, uno de los grandes aciertos musicales de la primera película.
Y la diferencia no reside únicamente en las canciones, sino en la forma de utilizarlas.
La secuencia de Judy llegando por primera vez a Zootrópolis mientras sonaba Try Everything era una pequeña maravilla narrativa. A través de la música, el espectador descubría los distintos distritos, sus habitantes y las particularidades de aquella sociedad, compartiendo el entusiasmo de la protagonista ante un mundo completamente nuevo.
En esta segunda entrega, la actuación de Gazelle apuesta por el espectáculo musical, pero carece de aquella capacidad para integrar música, imágenes y narración en una misma secuencia. Una canción agradable que no consigue alcanzar la fuerza de su predecesora.
Una buena secuela que vive a la sombra de la original
Zootrópolis 2 tiene suficientes virtudes para justificar su existencia. Su animación es espectacular, el universo sigue ofreciendo posibilidades y su reflexión sobre la exclusión social aporta interés a una historia que mantiene el espíritu de la franquicia.
Sin embargo, las comparaciones con la primera entrega resultan inevitables. El misterio sorprende menos, los nuevos personajes tienen menos carisma y la música tampoco consigue igualar los momentos más inspirados de la original. Prácticamente todos sus avances se concentran en el apartado visual.
Eso no significa que la fórmula esté agotada. Al contrario, la posibilidad de seguir descubriendo nuevas especies y conflictos dentro de Zootrópolis continúa siendo atractiva, especialmente ante los caminos que podría explorar una tercera película.
Disney ha construido una ciudad más grande, más detallada y más espectacular que nunca. Ahora solo necesita recuperar la capacidad de sorprender que hizo tan especial nuestra primera visita.
Valoración animARTE: ★★★☆☆ (3/5)

