La saga, que empezó con una muy normal ‘Hotel Transilvania’ en 2012, comienza a dar signos de agotamiento.

Las películas protagonizadas por Drácula y su hija Mavis nunca han sido un alarde de innovaciones (técnicas o narrativas), pero si tenían atractivo era por las situaciones entre únicas y comunes en las que podíamos ver a los monstruos clásicos. Dentro de sus extravagancias, nos sentíamos identificados con ellos: sufren por amor, por sus hijos, por el trabajo… como todos nosotros. De esta premisa parte ‘Hotel Transilvania 3’, en la cual descubrimos que los monstruos también tienen derecho a unas vacaciones para olvidar el estrés provocado por el trabajo.

Otro de los aciertos de la saga (en sus inicios), el diseño de todo tipo de monstruos únicos, ha ido poco a poco exagerándose y perdiendo el rumbo, siendo el culmen esta tercera entrega, en la que se alcanzan extremos sin lógica alguna. Los personajes de Ericka y Abraham Van Helsing, a parte de tener poco carisma, son grotescos y destacan (por lo malo) del resto de personajes habituales.

Hotel Transilvania 3

La historia comienza con un flashback, que podría haber dotado a la producción de mayor profundidad con un Val Hensing mejor desarrollado, que hará que desde el principio sepamos quien va a ser el malo malísimo que se las hará pasar canutas a nuestros antihéroes. Tras esto, Mavis ve por televisión el anuncio de un crucero únicamente para monstruos (que casualidad, no nos imaginamos quien estará detrás), donde se centrará el resto de la película, haciendo que una historia poco trabajada se encuentre encerrada en un espacio en el que pocas situaciones sorprendentes pueden ocurrir. Lo único interesante que encontramos en este guión está totalmente desaprovechado, y es la aparición de la ciudad perdida de la Atlántida. Lo que podría haber sido maravillosamente utilizado como escenario para mil aventuras, se queda en una pequeña exploración superficial y resuelta en cinco minutos, y en un hotel tipo Las Vegas con su fiesta y bailes incluidos.  Pero no todo queda en una mala historia, sin interés, sino que son capaces de empeorar aún la situación con una batalla entre “buena” y “mala” música, siendo la mejor canción de la historia y más pegadiza ‘La macarena’. Si señores, en pleno 2018 aún necesitamos de Los del Río para que una película de animación termine con sus personajes moviendo el esqueleto sin sentido alguno.

La animación, continúa siendo decente y acelerada, como en las dos anteriores películas, con sus guiños al cartoon clásico. En este aspecto, sobre todo Drácula, nos hace olvidar en muchas ocasiones que nos encontramos ante una película de animación por ordenador, por la sensación de movimientos en una única dimensión que nos provoca (destacable su cara cuando sonríe perdidamente enamorado).

Hotel Transilvania 3

El doblaje, como viene siendo habitual, un desastre. La moda de utilizar a caras reconocibles por el público en lugar de profesionales del medio sigue haciendo mucho daño a las películas de animación. En este caso, podemos salvar únicamente el trabajo de Santiago Segura, el único que se mueve con soltura en esta labor. Cristina Castaño (Judith en ‘La que se avecina’) que ya se estrenó en el doblaje con el personaje de Matilda en ‘Angry Birds: La película’, le presta su voz en esta ocasión a Ericka Van Helsing, dotando a la capitana del barco de un carácter aún más histriónico que el original. El cambio de voz de Mavis, que pasa de ser interpretada por Clara Lago (Amaia en ‘Ocho apellidos vascos’) a tener la voz de Macarena García (María en ‘La llamada’), no hace sino empeorar la situación. Y las intervenciones de Mario y Alaska como Frank y Eunice, aunque escasas, son innecesarias y totalmente prescindibles. Mención aparte merece Arturo Fernández, cuya única aportación parece ser decir “chatín” y “chatina” el mayor número de veces posible por segundo.

Por desgracia, ‘Hotel Transylvania 3’ parece estar funcionando bastante bien en taquilla, por lo que seguramente no nos libremos de una nueva entrega. Nadie aprende de lo sucedido con ‘Shrek’ ‘Ice Age‘. ¡Dejen descansar a los monstruos en paz!