Que en Hollywood escasean últimamente las ideas es algo que podemos corroborar viendo el panorama cinematográfico actual (no solamente en el campo de la animación) plagado de adaptaciones de cómics de superhéroes, remakes, secuelas, precuelas… pero pocas películas originales.

Ante esta situación, de vez en cuando recurren a buscar material fuera de sus fronteras, y en esta ocasión se han sumergido en México para realizar una película colorista y entretenida con la muerte como leitmotiv.

Como gran reclamo de la cinta se nos vende que Guillermo del Toro, mexicano de aupa, ha producido la misma, pero no es el único en el equipo del film que comparte procedencia, el director y guionista Jorge R. Gutiérrez y algunas voces de los personajes en la versión original como Diego Luna, Kate del Castillo o Ana de la Reguera también son mexicanos. Y en esta película esto es importante.

La historia, como podemos leer en cualquier sinopsis, contará las aventuras de Manolo, un torero enamorado de una bella mujer llamada María, que ha de decidir entre su familia y su mayor pasión: la música. Antes de elegir qué camino tomar, Manolo se embarcará en un increíble viaje que abarcará tres mundos fantásticos, en los que deberá encararse a sus peores pesadillas y miedos. Sin embargo esta historia va más allá, más que las ruidosas aventuras que puedan vivir los personajes, refleja el reto de vivir, de madurar, de tomar decisiones y con ellas tratar de no defraudar ni a la familia ni aquellos a los que quieres.

A priori, durante los primeros minutos uno se cree que va a asistir a un continuo desfile de clichés y tópicos de la cultura mexicana, sin embargo, y aquí radica la importancia de la que hablaba antes sobre la procedencia de parte del equipo, según va avanzando la película, podemos ver que precisamente esta cultura es un personaje protagonista más, toda la historia gira en torno a ella y es tratada con mimo y respeto. Por supuesto no falta el hueco para la autocrítica y la parodia de aquello que les es conocido, pero siempre con la cortesía del que se sabe paisano.

Los personajes de Maria, Manolo y Joaquín, quedan bastante eclipsados por los que consideramos que son los verdaderos protagonistas, La Catrina, Xibalba y el hombre de cera, siendo finalmente meras marionetas en el juego de estos tres “dioses” aztecas.

En general, “El libro de la vida” no nos estaría contando nada que no nos hayan contado ya mil veces (típico triángulo amoroso al canto) si no fuese por estos dioses y su relación con la cultura mexicana y el día de muertos. Y precisamente es este día, celebrado con alegría y fiesta por parte de los mexicanos, otro de los pilares en los que se estructura la película, mostrando una manera diferente de vivir la festividad de Halloween (cosa que pillará por sorpresa a los americanos) sin miedo a la muerte y con mucho respeto por aquellos que nos han dejado.

THE BOOK OF LIFE

La banda sonora, de Gustavo Santaolalla, a pesar de las canciones pop metidas con calzador, acompaña bien el ritmo de la película, con ciertos toques de música típica de la zona, que a pesar de no ser excesivos, añaden un extra a esa cultura mexicana que destila todo el film.

Tanto la animación como el diseño de personajes son muy particulares. Por detalles de la trama que no queremos desvelar por aquellos que no hayan visto la película, los protagonistas están animados como si fuesen muñecos de acción de madera, lo que no resta calidad al aspecto visual final, es más, dota de personalidad propia al proyecto. Sin embargo creemos que este efecto hubiese sido perfecto para realizar una película en stop motion en lugar de CGI.

En resumen, nos encontramos  ante una película con carácter propio, visualmente atractiva, entretenida e incluso en cierta parte educativa. Si no la habéis visto, ¡no os la perdáis!